La demasificación y los micromundos digitales poco interconectados.

The_Diamond_Age

1. En casa no tenemos TV por muchos motivos. Consumimos series y pelis por internet y si ponen algo interesante en tv lo vemos en streaming. Esto provoca que cuando voy a algun sitio con TV mi atención no se pueda despegar de la pantalla, como una polilla alrededor de la luz. Hoy en casa de mi familia estaba así cuando han puesto las noticias y han empezado a hablar del precio del marisco en navidad, del sorteo de lotería de ayer y todos los tópicos navideños del telediario. Es  un aterrizaje en territorio conocido pero olvidado. Dejavú permanente.

2. Algunos filósofos de la tecnología  hablan de la “demasificación” digital con dos sentidos. El primero es el obvio y el que agradecemos en nuestras mudanzas: los libros, los periódicos y la música ya no pesan, han perdido la “masa”.El segundo tiene que ver con la cultura de masas. En el pasado una comunidad recibía mas o menos el mismo tipo de noticias o referencias culturales. La portada del periódico era la misma para amplios números de personas. Todos los lectores de un periódico tenían presente cual era la noticia del día y cuales asuntos menores. Un director de periódico lo había decidido. Cada vez hay menos gente que consuma información así.

3. Suelo bromear diciendo que casi no conozco a gente que vote al PP y use Internet explorer, pero ambas son tendencias mayoritarias. Vivo en mi micromundo. Con mi Twitter lleno de gente que se me parece, sin tele que me transmita lo que debe ser importante. Internet no refuerza la comunicación entre estos micromundos, sino que hiperconecta densamente estos micromundos en su interior ¿Cuales son las consecuencias sociales de que esto -multiplicado- se convierta en algo mayoritario?

4.  Una parte de la izquierda española clama por una refundación del país y una nueva constitución. Me temo que en su burbuja son mayoría, pero sólo ahí. El pueblo, ese ente abstracto en el que proyectamos las sensaciones de nuestro entorno. Igual que “El usuario” del que habla un diseñador que ha investigado poco.

5. Neal Stephenson en “La era del diamante” dibuja un mundo en el que los países han desaparecido como tales. Las comunidades que eligen vivir de cierta forma se agrupan en enclaves dispersos alrededor del mundo. Es posible encontrar un enclave “neovictoriano” en China identico a uno en America. En un mundo futuro en el que los recursos naturales ya no importan porque existe “la toma” y la nanotecnología todopoderosa, no tiene sentido que gente que nunca va a estar de acuerdo voten sobre un destino común. Los países y su historia dejan de tener sentido en cuanto a forma de “vivir juntos” y la gente se establece en función de unas normas culturales y una forma mas o menos similar de entender la estructura social.

TransparencyWashing: Lecturas críticas sobre “lo abierto”

¿Puede el banco mundial compartir objetivos y prácticas con un izquierdista de base? ¿La agenda política de google es la misma que la de un ciudadano mileurista ? He aprovechado un par de días relajados para leer algunos artículos que levantan la liebre sobre la hegemonía cultural de la ideología digamos anarcocapitalista de silicon valley y la confianza ciega en la tecnología como forma de resolver todos los problemas. En concreto me voy a centrar aquí en el triunfo de lo abierto, del open Data y el OpenGovernment…  No tengo una conclusion propia sobre el asunto, así que voy copiando y pegando.

Tom Slee en notes Against openess

We all know that the ideas and actions around “Open Government Data” have created a very wide umbrella that covers many different agendas. It covers civil liberties campaigners, civic activists, startups, politicians from across the political spectrum, and major international corporations. And we all know that those agendas and groups are a bit uncomfortable being in such close proximity. But like “freedom”, “openness” is something that everyone can agree on, and it’s served to paper over the cracks between these disparate interests.

Unfortunately, it looks to me increasingly as if the language of transparency, the language of non-commercial civic engagement, and the romantic language of rebellion are being used to provide an exciting and appealing facade for an agenda that has nothing to do with transparency, nothing to do with civic participation, and a lot to do with traditional power politics and profit making.

Es decir, que bajo el paraguas de términos como “openess” y “freedom” a los que nadie puede oponerse se está metiendo una “agenda oculta” que beneficia a los de siempre. En este artículo Tom Slope estructura aún más la crítica y divide a los defensores de lo abierto en un cuadrante de dos ejes: De lo no comercial a lo comercial y de la “innovacion” a la “transparencia”. Especialmente interesante para mi ha sido la reflexión sobre los intereses comerciales y de la ciudadanía y el problema que se produce si el acceso a los datos generados con dinero público se da en iguales condiciones a empresas tecnológicas y a ciudadanos.

Everything I’ve read suggests that they are near-united on the principle of “non-discriminatory” licensing, meaning making data available to commercial enterprises (of any size) on the same terms as to the Civic Hackers. The economy of data-driven products is similar to the economics of cultural industries: it tends to end in winner-take-all outcomes and favours large-scale enterprises. In cultural markets, this tendency has led many countries to adopt a toolbox of techniques to maintain domestic cultural industries in the face of the scale of the American cultural industry, from quotas to subsidies to non-market providers.15 Such measures have much in their favour, yet the Open Data Movement is apparently united in opposing them.

Economically, Silicon Valley is likely to be the major winner in the Open Government Data game. It is difficult to see how to justify a subsidy to Silicon Valley companies as a priority for cash-strapped governments of smaller countries.

Luego por fín me puse a leer la larguísima diatriba de Evgeny Morozov contra Tim O’relly en la revista de crítica cultural “the Baffler”. Una parte importante es la crónica de la conocida guerra semántica dentro del mundo del Software libre a fianles de los 90 cuando la parte mas “orientada a los negocios” del movimiento decidió acuñar el termino “open source” para eliminar las connotaciones políticas que Richard Stallman atribuía al “free software”. Me centro aquí en la parte que habla de openGovernment. Sigo con el copia y pega.

Sobre la participación en la nueva “socidedad 2.0”

 If Participation 1.0 was about the use of public reason to push for political reforms, with groups of concerned citizens coalescing around some vague notion of the shared public good, Participation 2.0 is about atomized individuals finding or contributing the right data to solve some problem without creating any disturbances in the system itself. (These citizens do come together at “hackathons”—to help Silicon Valley liberate government data at no cost—only to return to their bedrooms shortly thereafter.)

También sobre la idea de “government as a platform”

O’Reilly defines “government as a platform” as “the notion that the best way to shrink the size of government is to introduce the idea that government should provide fewer citizen-facing services, but should instead consciously provide infrastructure only, with APIs and standards that let the private sector deliver citizen facing services.”

Para una gran parte de organizaciones activistas el Gobierno abierto significa un gobierno transparente al que pueden pedir cuentas, pero no es sólo eso para todo el mundo. Para los conservadores británicos por ejemplo “open government is what modern deregulation looks like”.  El proyecto de Big Society asume y se alegra de que el gobierno no tiene dinero para hacer lo que antes hacía y lo deja en manos de la “sociedad”. Es decir, el gobierno reduce sus funciones en muchos casos a proporcionar una infraestructra para que los servicios que hasta ahora garantizaba los proporcionan empresas y ciudadanos, puesto que lo van a hacer de forma más eficiente que la administración. Y no cabe duda de que así será pero ¿es más importante la eficiencia que otras cuestiones como la igualdad de acceso o el servicio universal?

Subyace bajo muchas propuestas la idea de que la captación y el libre acceso a los datos junto con la introducción de la tecnología nos llevará hacia soluciones óptimas más allá de toda discusión política. Y esto es algo que se ha asumido tanto desde izquierda como desde la derecha. Eso al menos dice el último articulo que enlazo, “Cyberlibertarians’ Digital Deletion of the Left” del [JACOBIN Magazine]

But the way these words are used in contemporary discussions is highly specialized. “Open” and “free” are used as marketing labels that, once attached to one way of looking at a problem, serve to shut down substantive debate: once one side of the debate is labeled “open” or “free,” both corporatist and leftist thinkers tend to presume that that side must be the hospitable one.

When we assume that the goals of the Left are promoted just by digital innovation, we too easily forget to think carefully and deeply about how to articulate those goals, and to work with others who share them. We put faith in a technocratic progressivism that does not clearly emerge from leftist foundations and that, without close and careful work, is unlikely to support those foundations. Most worryingly, we put aside active efforts to solve social problems and advance leftist perspectives by giving in to a technological form of magical thinking that is the opposite of engaged political action.

El que algo nazca con la etiqueta de abierto, libre o innovador no debe servir para no examinar qué valores tiene detrás. Lo triste es que en España aún no ha llegado si quiera la primera ola de “lo abierto” al gobierno así que se hace raro debatir estas cuestiones sin si quiera una ley de transparencia aprobada. En cualquier caso y aunque el nombre de algún artículo así lo diga, creo que ninguno de estos autores se opone a la liberación de datos, o afirman que no haya ventajas, sino que alertan contra su doble utilización tanto en la forma de agendas ocultas como en un tipo de marketing “TransparencyWashing” (a la manera del greenWashing ambiental de las marcas)

 

Para el siguiente post espero poder indagar un poco más en la idea del “gobierno como plataforma” y la relación de la iniciativa privada, lo público y el procomún